“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”

(Hechos 20:24).

¿Podríamos afirmar lo mismo?. ¡Yo no se si tengo la capacidad de hacerlo!

Estamos rodeados de tantas cosas. Tenemos tantas comodidades. Podemos (si es que hay dinero) comprar “cualquier cosa” hoy. Estamos tan habituados a un mundo “moderno y tecnológico” que a veces consciente o inconscientemente estas afirmaciones suenan como “sin sentido” “imposibles” o hasta “surrealistas”.

Pero, la verdad afirmada en este versículo es (y debe ser) la base y motivación fundamental que encienda, mantenga, motive y dirija nuestra fe y acciones como discípulos de Jesús.

Él mismo lo afirmó:

“El que vive su vida para sí, la perderá, y el que sacrifique su vida por mi causa, la hallará”

(Mateo 10:39).

¿Difícil? ¡Bastante!. Sobran las palabras y buscar la aprobación de los demás. Aquí lo que vale es reconocer y aceptar lo que Pablo afirmó en otra ocasión:

“Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí”

(Gálatas 2:20).

¡Esa es la única salida!