Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.

Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.

Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.

Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.

Hechos 8:14-25

Nos dice Lucas, que los apóstoles que estaban en Jerusalén al oír que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, enviaron a Pedro y Juan; *y ellos oraban en el nombre de Jesús por los que habían sido bautizados.

Y también eran bautizados en el Espíritu Santo. Pero Simón cuando vio que el Espíritu Santo se daba cuando Pedro y Juan imponían las manos. Simón les ofreció dinero, diciendo: “Denme ese poder para que a quien yo le imponga las manos reciba el Espíritu Santo”.

Y Pedro dijo a Simón: ¡Púdrete con tu dinero! Si ¿Piensas que puedes comprar el don de Dios? Tú no tienes parte con nosotros, pues Dios sabe que tus intenciones no son buenas. Veo que estás lleno de amargura, envidia y que vives atado al pecado.

Arrepiéntete y pídele al Señor que perdone tus malas intenciones. Quizás te perdone.

Entonces Simón suplicó: Por favor, pidan ustedes a Dios que me perdone, para que no me vaya al infierno. Pedro y Juan volvieron a Jerusalén, y de paso iban predicaban el Evangelio.

-Nos dice la Palabra, que Simón también creyó, y se bautizó y nos dice la Escritura, que siempre acompañaba a Felipe “viendo los milagros”.

Pero Simón el que había engañado al pueblo de Samaria con sus hechizos, ahora “se engañaba así mismo”; el hecho de que alguien ande con los creyentes, no quiere decir que es creyente.

Porque algunos solo siguen los milagros, y no “al dador de los milagros”. Simón creyó y se bautizó, pero no en el Espíritu Santo, la Palabra nos dice que debemos examinarnos:

Pónganse a pensar en su manera de vivir, y vean si de verdad siguen confiando en Cristo. Hagan la prueba, y si la pasan, es porque él vive en ustedes. Pero si no confían en Cristo de verdad, es porque él no está en ustedes

(2ª Corintios 13:5)

Un verdadero creyente, anda en amor y con los frutos del Espíritu y nunca pensarían lo que pensó Simón. Porque los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto. Y los que somos de Jesucristo ya hemos hecho morir en su cruz nuestro egoísmo y nuestros malos deseos.

(Gálatas 5:22-24)