Dori

Según el diccionario de la lengua española, paz significa ausencia de guerra, estado de tranquilidad y de entendimiento entre las personas, tranquilidad, sosiego, calma o ausencia de agitaciones. La expresión “hacer las paces” significa reconciliarse, pedir perdón o perdonar a quien nos ha ofendido. Procede del latín pax, pacis, que además de los significados anteriores, se usaba para implorar la benevolencia y el favor de alguien.

Antes de la creación, Dios Padre, Hijo y Espíritu vivían en paz y armonía perfectas. Después de la creación, habiendo creado ya a los ángeles, los cielos y la tierra, y por último al hombre y la mujer, esta paz y armonía se vio atacada primero, por la rebelión del diablo y sus ángeles, y luego por la del hombre y la mujer, entrando el pecado y la muerte en el universo. Como hemos leído en estos versículos de la carta de San Pablo a los Colosenses, todo fue creado por medio de Cristo y para él. Por tanto, Dios quiso reconciliar consigo mismo todo lo creado haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz:

Si aceptamos y creemos en el sacrificio de Cristo, Dios nos perdona de nuestros pecados pasados, presentes y futuros, nos hace justos y nos da la salvación:

Esta justicia que nos viene dada por la fe en Cristo, nos pone en paz con Dios, y nos hace gozar de una gran paz interior que ninguna otra cosa nos puede dar. Es una paz en nuestro espíritu, que ha de ser respaldada haciendo el bien, pues es un fruto del Espíritu:

Hay mucha gente que se pregunta porqué si hay Dios, existen tantas guerras y tanta violencia en la tierra, pero no se acuerda de reconciliarse con Él por medio de Cristo, ni de obedecerle, por lo que siguen en su pregunta sin respuesta. Ya en el tiempo de la Ley de Moisés, Dios indicó a los israelitas lo que debían hacer para tener paz en la tierra:

Además, Dios en Cristo ha reconciliado o hecho la paz entre ambos pueblos, el de Israel y el de los demás pueblos o gentiles, de forma que ha puesto fin a las enemistades entre ambos.

Sin embargo, los judíos han desobedecido, y han recibido el pago de parte de Dios. Tampoco la mayoría de los gentiles han obedecido al mensaje del evangelio. ¿Queda aún alguna esperanza para la paz en la tierra?

Al ser justificados delante de Dios por la fe en Jesucristo, y si vivimos rectamente, todo esto nos producirá paz, seguridad y gran bendición.

Aplicación práctica

Nosotros, por nuestra parte, podemos contribuir a la paz, primero reconciliándonos con Dios primero por medio de Jesucristo, diciendo:

Señor Dios, yo te pido perdón por mis pecados. Creo que tu Hijo Jesucristo murió por mí en la cruz derramando su sangre preciosa y resucitando al tercer día, venciendo a la muerte. Le recibo como Señor y Salvador de mi vida. Gracias Señor.

Luego, viviendo una vida haciendo el bien, amando a Dios y al prójimo, haciendo morir en nosotros nuestra naturaleza pecaminosa que nos lleva al mal. En nuestro trato con el prójimo, ya sea con nuestros hermanos en Cristo o con la gente de fuera de la iglesia (familiares, vecinos, compañeros de colegio, etc.), debemos ser cuidadosos, intentando siempre llevarnos bien, no ofendiendo, no siendo soberbios, teniendo siempre un carácter conciliador, o sea, no metiendo cizaña entre la gente, tratando siempre de llegar a un acuerdo, siendo respetuosos y amables, aunque no por eso comprometer nuestras creencias cristianas. En resumen, dando un buen testimonio.

También debemos poner nuestras cargas y problemas en oración al Señor, así como pedir por la paz mundial. Él nos oye, pues presta oído a las oraciones de los justos. Cada día debemos orar al menos una vez. Esto nos traerá paz a nuestro espíritu, y Dios obrará en las cosas en las que nosotros no podemos hacer nada.

Un modelo de oración lo tenemos en el Padre Nuestro (Mt.6:9-13), que no quiere decir que haya que repetirlo como papagayos, sino que es un esquema que Jesús nos da para saber qué cosas pedir principalmente. Debemos también dar gracias a Dios por todo, por la salvación, por el perdón, por su Hijo Jesucristo, por todo lo que tenemos en la vida, exponerle nuestros problemas como si habláramos con nuestro padre, pues él es en verdad nuestro padre celestial, y pedirlo todo al final en el nombre de Cristo.

También, si somos bautizados en el Espíritu Santo, viene a nosotros poder de predicar el evangelio de la paz. Podemos ser mensajeros de la paz, lo que también nos traerá paz a nuestro espíritu.

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