Misericordioso y clemente es El Señor. Lento para la ira, y grande en misericordia…Por eso, ¡Bendice, alma mía, a El Señor!

(Salmos 103:8, 22c)

¡Que bueno y agradable es alabar al Señor!. Sobre todo, porque como dice el Salmista: ¡Es misericordioso y clemente!

Por muchos años tuve una visión distorsionada de Dios. Lo veía como “un ser acusador que estaba siempre esperando mis fallas para recriminarme y condenarme”. De repente, ¡mi visión cambió cuando comencé a la leer la Biblia y conocer más a Jesús!

Pero, no fue por un cambió “de religión o de cultura religiosa”, sino, por la experiencia de conocer y probar el amor misericordioso de un Padre, Amigo, de un Dios tremendamente amoroso y personal.

Mi alabanza y gratitud hoy tiene razón de ser. Alabo a Dios porque le conozco y Él a mí. Porque experimento de Su amor a través de las más diferentes situaciones diarias.

Acércate a Él ¡Porque siempre está esperando por nosotros!