“Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista.

Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.

Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis. Y le vi que me decía: Daté prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.

Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.

Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles.””

Hechos 22:12-21

-Dice la Escritura, que Pablo continúa dando su testimonio, ante el pueblo judío en Jerusalén diciendo que estando él en Damasco, vino un hombre llamado Ananías, muy religioso, y obediente a la ley de Moisés. Muy respetado por todos los judíos que vivían allí. Ananías vino y le dijo: “Hermano Saulo, ¡recobra la vista! y de inmediato pudo verlo.

Al igual que Pablo, todos los que ahora estamos en Cristo, no podíamos ver su obra. Es Dios el que abre nuestros ojos espirituales. Luego le dijo: “El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que conozcas su voluntad, y para que veas al Justo y oigas las palabras de su boca.

Ananías le da testimonio del Justo, del Mesías enviado por Dios, y le recuerda que ha sido llamado para anunciar a Jesucristo, diciendo: Tú le serás testigo ante toda persona, de lo que has visto y oído.

Ahora, no esperes más. Levántate, bautízate y pídele al Señor que perdone tus pecados. Diciéndole que confías en Él, y que Él es tu Salvador. Pablo cuenta su conversión, a partir de cuando era Saulo, diciendo que confesó a Jesús como su Señor y salvador, y que fue bautizado dando evidencia publica de su fe en Cristo, para andar en una vida nueva.

-Nos dice Pablo que más tarde, regresó a Jerusalén; y estaba orando en el templo cuando tuvo una visión donde.

Vio al Señor que le decía:

Apúrate, sal de Jerusalén de inmediato. Porque, la gente no aceptará la verdad acerca de mí.”

Y Pablo dijo:

Señor, ellos saben que yo fui el que golpeó a los creyentes y los llevé a la cárcel. La gente también sabe que yo estaba presente cuando mataron a Esteban, tu testigo. Hasta cuidé las ropas de los que lo estaban matando.

Pero el Señor le dijo:

Vete ahora, te enviaré muy lejos a donde están los que, no son judíos.”

Todos tenemos un propósito en los planes de Dios; Pablo estaba orando, cuando el Señor le revelo su voluntad.