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3 Actitudes de victoria para la vida cristiana. Tú Decides

“Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”

2 Corintios 10:5b

Aquí tenemos una de las armas más poderosas que la Biblia nos enseña para combatir, derribar y destruir “toda cultura, fortaleza y costumbre de malos pensamientos”.

Solo que no es “algo mágico“, “ni instantáneo“. Es una disciplina de actitudes y acciones de fe creyendo en la verdad expuesta por la Palabra de Dios.

Pablo en este versículo nos dice como hacerlo:

  1. Hay que llevar cautivo. Es una acción continua.
  2. Todo pensamiento. Es evidente que es todo lo que se opone a mi fe y evita que pueda caminar y crecer en mi vida cristiana.
  3. A la obediencia a Cristo. Debo someter, poner bajo Su autoridad.

Una de las peores batallas que sufrimos como discípulos de Jesús (y no discípulos también) es La batalla en nuestra mente.

Allí se decide y gestiona como será nuestro día. Cierta vez escuche a alguien decir:

“Mente vacía (ociosa) es taller del diablo”.

¡Yo prefiero que sea Cristo el dueño de mi taller!

Él llama y muestra el camino

“Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista.

Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.

Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis. Y le vi que me decía: Daté prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.

Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.

Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles.””

Hechos 22:12-21

-Dice la Escritura, que Pablo continúa dando su testimonio, ante el pueblo judío en Jerusalén diciendo que estando él en Damasco, vino un hombre llamado Ananías, muy religioso, y obediente a la ley de Moisés. Muy respetado por todos los judíos que vivían allí. Ananías vino y le dijo: “Hermano Saulo, ¡recobra la vista! y de inmediato pudo verlo.

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Un don que no se compra

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.

Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.

Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.

Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.

Hechos 8:14-25

Nos dice Lucas, que los apóstoles que estaban en Jerusalén al oír que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, enviaron a Pedro y Juan; *y ellos oraban en el nombre de Jesús por los que habían sido bautizados.

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